1- HÉCTOR Y ANDRÓMACA EN UN RELOJ DE MESA DE LA CASA MUSEO LEÓN Y CASTILLO DE TELDE (GRAN CANARIA)
Imagen 1. Reloj donde aparecen Héctor y Andrómaca
con su hijo en brazos.
Imagen extraída del libro El mundo clásico en el arte de las Islas Canarias
de Antonio Ramón Navarrete Orcera
Imagen 2. Detalle del reloj: Héctor
y Andrómaca con su hijo en brazos.
Imagen tomada del libro El mundo clásico en el arte de las islas canarias de Antonio Ramón Navarrete Orcera
Se trata de un reloj de mesa de origen francés, de finales del siglo XIX, de autoría anónima, que se expone en la sala de actos oficiales de la Casa Museo León y Castillo de Telde, dedicada a los hermanos Fernando y Juan León y Castillo, el primero político y diplomático, y el segundo ingeniero, bajo cuya dirección se construyó el Puerto de la Luz, en Las Palmas de Gran Canaria. Parece probable que el reloj fuera adquirido por Fernando León y Castillo en Francia, donde durante casi treinta años ejerció como embajador de España.
Sobre el reloj se ha esculpido un grupo escultórico que representa al príncipe troyano Héctor (que lleva penacho, escudo y espada) despidiéndose de su esposa Andrómaca y de su hijo Astianacte, escena inspirada en el canto VI de la Ilíada de Homero.
La escena se concentra en el momento en el que, en plena guerra de Troya, Héctor debe marchar al campo de batalla y su hijo pequeño, en brazos de su madre, se retuerce de miedo por el aspecto terrible de su padre con sus armas de bronce y su casco provisto de un penacho ondeante de crines de caballo. La escultura “congela” la imagen en ese momento de miedo del niño, pero lo que pasó después podemos saberlo leyendo el relato de Homero: Héctor, sonriendo, al darse cuenta de la causa del llanto, deposita en el suelo el brillante casco, besa y acuna en sus brazos al niño y pide a los dioses que crezca valiente y llegue convertirse en rey de Troya, y que digan de él cuando vuelva del combate: “¡Es mucho más valiente que su padre!”.
En la parte inferior del reloj hay otra escena mitológica, un relieve dorado que representa a Baco montado en su carro tirado por un sátiro y dos niños; el dios, cubierto con una piel de animal, sujeta en su mano izquierda un tirso, el bastón ceremonial de las celebraciones báquicas, y con la derecha ofrece su copa a uno de sus acompañantes para que se la llene.
2- EL MINOTAURO DE ÓSCAR DOMÍNGUEZ
Imagen 3. Minotauro.
Imagen tomada de https://es.artsdot.com/@@/8LT33T-Oscar-Dominguez-Minotauro
Se trata de una pintura al óleo sobre tela, de 37 x 54,5 cm, perteneciente a la Colección Centro Atlántico de Arte Moderno del Cabildo de Gran Canaria, realizada hacia 1950. Su autor es el pintor surrealista tinerfeño Óscar Domínguez (San Cristóbal de La Laguna, 1906 – París, 1957).
En el centro de una composición caracterizada por las líneas rectas y los ángulos agudos, que componen una especie de red de caminos o espacios terrosos entrelazados, se incluye la figura marcadamente geométrica de un toro, que remite al mito clásico del Minotauro y su encierro en el Laberinto de Creta. Al fondo se intuye la inmensidad del mar, y ante ella lo que parece la silueta de un ave enorme con las alas desplegadas, que hace pensar también en una montaña.
El Minotauro, cuyo nombre real era Asterión, era un ser híbrido con cabeza de toro y cuerpo humano, engendrado por Pasífae, la esposa del rey Minos, y un toro enviado por el dios marino Poseidón, equivalente a Neptuno en la cultura latina. Al no haber querido Minos sacrificarle el toro, el dios provocó en Pasífae un amor irresistible por el animal. Para que pudiera satisfacer su pasión, Dédalo, un habilísimo arquitecto y escultor al servicio de Minos, fabricó una ternera en cuyo inte - rior se ocultó Pasífae, y el toro, sin descubrir el engaño, se unió a ella. Avergonzado por el fruto de esta unión, Minos mandó a Dédalo construir un enorme recinto de complicados corredores, al que se llamó Laberinto, en el que era prácticamente imposible encontrar la salida, y en el que encerró tanto a Minotauro como al propio Dédalo (el único que sabía cómo salir) y a su hijo Ícaro. Dédalo consiguió huir con su hijo aplicando a sus espaldas dos enormes alas de cera, aunque Ícaro, impru- dente, trato de volar demasiado alto y el calor solar derritió la cera, por lo que cayó al mar y murió. A estas enormes alas que se aplicó Dédalo es a lo que alude, seguramente, la figura del fondo del cuadro.
Para alimentar al Minotauro, Minos encerraba en el Laberinto
cada año siete muchachos y siete muchachas que debía enviar Atenas para expiar
la muerte de su hijo Androgeo, que había sido asesinado allí. En uno de estos grupos viajó el héroe ateniense
Teseo, de quien se enamoró Ariadna,
la hija de Minos, que le proporcionó un ovillo de hilo con el que pudo
reconocer el camino de vuel- ta tras matar al monstruo, haciendo el recorrido
inverso. Tras salir del Laberinto, Teseo se hizo a la vela con Ariadna rumbo a Atenas, aunque enseguida la abandonó, en una escala en la isla de Naxos.
La centralidad de Minotauro en el cuadro refuerza la idea de su soledad
y su aislamiento, y los dos pequeños espacios marcados en
rojo y en gris aluden simbólicamente a la sangre de sus víctimas y a sus restos. Su naturaleza híbrida se representa
mediante la reproducción geométrica de la parte delantera de su cuerpo, con
forma de toro, y las manos alargadas hacia delante y atrás, que aluden a su
componente humano. El que sus brazos apunten en direcciones opuestas simboliza,
quizás, su desequilibrio.
Imagen 4. Neptuno.
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Neptuno_del_Punt%C3%B3n#/media/Archivo:Poseidon_-_Melenara_-
_Neptuno_Neptune_statue_estatua_Islas_Canarias.jpg
Se trata de una escultura de bronce, de 4,20 m. de altura, inaugurada en el año 2001 y ubicada en la playa de Melenara, en Gran Canaria. Su autor es el escultor Luis Arencibia Betancort, nacido en Telde (Gran Canaria) en 1946 y fallecido en Leganés (Madrid) en 2021.
La obra representa a un personaje masculino desnudo de portentosa musculatura que solo lleva una corona sobre su cabeza, una concha de mar y una estrella que tapan su parte púdica y un tridente de 5’5m. que sostiene con energía en su mano derecha.
La escultura representa a Neptuno, llamado en griego Poseidón, uno de los dioses olímpicos, hermano de Zeus e hijo de los titanes Crono y Rea. En el reparto que hicieron los olímpicos tras derrocar a Crono, le correspondió el dominio de los mares, lagos y ríos.
Su arma característica es el tridente, que le proporcionaron los cíclopes para participar en la lucha de los olímpicos frente a los titanes. Con ese tridente puede hacer estremecer el mar y la tierra, provocando tempestades y terremotos.
Se le suele representar como un varón ya de edad madura, con barba y fuerte musculatura y se desplaza sobre las olas en un carro tirado por hipocampos (caballos en su parte delantera y enorme cola de serpiente en su parte trasera), escoltado por peces, delfines o divinidades marinas, como las nereidas, los tritones, que hacían sonar sus caracolas resoplando, y Proteo, que guardaba los rebaños de focas de Neptuno y podía cambiar de forma, como símbolo de la fluidez del agua.
La esposa de Neptuno es Anfitrite, de la que no tiene hijos,
aunque sí los tuvo de diversas amantes, tanto humanas como diosas. Uno de sus
hijos, por ejemplo, es el cíclope Polifemo.
4- ATLAS DE SALVADOR SILVA FALCÓN EN TELDE
Imagen 5. Atlas. Imagen tomada de https://esculturasdegrancanaria.blogia.com/2008/022115-escultura-atlas.php
Se trata de una escultura de 8 metros de altura, realizada en 1998 y ubicada en Telde (Gran Canaria), en una rotonda junto al parque de San Juan. Su autor es el escultor Salvador C. Silva Falcón, nacido en Telde en 1963.
La figura humana, hecha en acero, tiene la cabeza entre los brazos doblados, y la espalda encorvada sujeta con gran esfuerzo una especie de capitel también de acero en forma de pirámide de tres cuerpos, sobre el que puede encenderse una llama. La estatua está colocada sobre una base de hormigón recubierta con piedra de Cabo Verde. El monumento se emplea para varios usos: como homenaje a los deportistas olímpicos de Telde, para albergar la llama olímpica y como podio para entregar diversos premios.
La escultura representa a Atlas, uno de los titanes que se enfrentaron a Zeus y los olímpicos por el dominio del universo. Tras la derrota de los titanes, Atlas fue castigado a sostener sobre sus hombros el peso del cielo, que es, precisamente, lo que representa esta escultura.
Sus hijas, las Hespérides, cuidaban un jardín cuyos árboles daban frutos de oro, custodiados por un dragón. Cuando Hércules, en uno de sus doce trabajos, le pidió ayuda para apoderarse de esos frutos, Atlas se ofreció a recolectarlos por él, a cambio de que lo reemplazara mientras tanto sosteniendo el peso del cielo. Hércules aceptó, pero Atlas se negó después a volver a su tarea. Hércules le tendió una trampa: le dijo que estaba de acuerdo, pero que se ocupará un momento de sostener la carga, mientras él se ajustaba un cojín en el cuello. Atlas así lo hizo, pero entonces Hércules se marchó y lo dejó allí de nuevo teniendo que cargar eternamente con el peso de los cielos.
Tiempo después, cuando el héroe Perseo regresaba de la morada
de Medusa, a la que había cortado la cabeza, pidió hospitalidad a Atlas, pero este lo rechazó con desprecio.
Perseo, irritado, le mostró la cabeza de Medusa, que podía convertir en piedra a
quien la mirara,
y Atlas se convirtió en la altísima cordillera del norte de África que conocemos hoy
con su nombre.
Imagen 7. Auditorio Alfredo Kraus
Imagen tomada de
https://www.pinterest.es/pin/346495765054978495/
Imagen 8. Medusa.
Imagen tomada de http://www.flickr.com/photos/imagina/2967021894/in/set-72157594201467326/ https://esculturasdegrancanaria.blogia.com/2009/021206-cabeza-de-medusa.php
Se trata de una escultura en relieve, ubicada sobre la parte exterior del enorme ventanal, orientado al Atlántico, de la sala principal del Auditorio Alfredo Kraus, en el Paseo de Las Canteras de Las Palmas de Gran Canaria, construido entre 1993 y 1997. El autor de la escultura es el arquitecto y escultor Juan Enrique Bordes Caballero, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1943.
La escultura representa la cabeza cortada de Medusa, la única mortal de las tres Gorgonas, hijas de las divinidades marinas Forcis y Ceto. Cuando el héroe Perseo, entonces un muchacho, llegó a la isla de Sérifos con su madre Dánae, el rey del lugar, Polidectes, que se había enamorado de Dánae, quiso librarse de Perseo enviándolo a una misión imposible: traerle la cabeza de Medusa, que tenía el poder de convertir en piedra a quien mirara. Siguiendo los valiosos consejos que le dieron los dioses, Perseo logró, sin embargo, decapitar a Medusa y llevarse su cabeza oculta en una bolsa de cuero. Con ella consiguió petrificar, primero, a Atlas, que no había querido darle hospitalidad, y se convirtió, por ello, en la enorme montaña del norte de África que todavía llamamos Atlas; y, después, a un horrible y gigantesco monstruo marino que quería apoderarse de la princesa etíope Andrómeda, con la que finalmente Perseo se casó. La cabeza de Medusa, por su parte, acabo en poder de la diosa Atenea, que la inserto en su escudo o coraza de piel de cabra conocida como égida.
La cabeza de Medusa estaba provista
de serpientes, en lugar de cabellos, y sus ojos tenían un brillo siniestro y sobrecogedor, y
estos son, precisamente, los dos rasgos más relevantes que ha querido darle a
esta imagen el escultor.








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